¿Qué edición de Vampiro jugar?
La primera edición de Vampiro: la Mascarada salió en 1991. Un año y una docena de suplementos más tarde, White Wolf publicó la segunda edición que, esta vez sí, aguantaría seis años en tiendas, recibiendo más de cuarenta libros complementarios, incluyendo varios manuales dedicados exclusivamente a cada uno de los distintos clanes del juego. En 1998 se publicó la que muy probablemente fuese su versión más popular en España: la Edición Revisada. Esta nueva edición volvió a recibir varias docenas de suplementos, incluyendo Gehenna, un libro en el que básicamente se daba la línea editorial por finalizada.
White Wolf tomó la valiente decisión de destruir Mundo de Tinieblas, la ambientación que llevaba construyendo más de una década. Para sustituirla y poder seguir sacando libros y ganando dinero publicaron Vampiro: el Requiem, un juego parecido pero diferente, con un lore completamente nuevo. Pero aquello no terminó de agarrar. Tanto es así que, aprovechando que en 2011 se cumplían 20 años de la salida de Vampiro: la Mascarada, lanzaron Vampiro: 20 Aniversario, o lo que es lo mismo, la cuarta edición. Esta nueva línea deshizo todo eso del fin del mundo y se inventó una nueva serie de acontecimientos que culminarían en 2018 con Beckett's Jyhad Diary, un libro estupendo de más de quinientas páginas, que hace las veces de puente a la quinta y última edición hasta la fecha.
En esas estamos. La edición actual, la vigente, la que sigue recibiendo suplementos de manera constante, es la quinta. Se trata de una edición moderadamente continuista que, si bien mantiene todo el trasfondo construido a lo largo de los años (con algunos pequeños cambios), introduce algunos conceptos muy interesantes y consigue establecer una identidad propia. Pero claro, ahora viene la pregunta que da título al texto, ¿a qué edición jugar? ¿A la última sencillamente por ser la más nueva? Pues depende.

Lo cierto es que Vampiro: la Mascarada, en lo que a mecánicas de juego se refiere, no ha cambiado prácticamente nada a lo largo de todos estos años. En todas y cada una de las ediciones se juega igual: sumas tu puntuación en un atributo a tu puntuación en una habilidad y tiras ese número de dados de diez caras. Los resultados de seis o más se consideran éxitos y los resultados de cinco o menos son fallos. Necesitas tres éxitos para hacer algo rotundamente bien. Los unos (o pifias) te anulan un éxito. Ya está. Grosso modo, así era en la primera edición del 91 y así es en la quinta edición de 2018.
A nivel mecánico, la principal diferencia entre la quinta edición y todas las anteriores es que los personajes interpretados por los jugadores son más débiles. Esto es intencionado. Que los vampiros se sientan menos poderosos no es tanto un bug, como una feature. En concreto, una de esas cada vez más omnipresentes features de mierdificación que, honestamente, tan bien encajan a nivel temático con los tiempos modernos. Los jugadores tienen menos puntos a la hora de crear su personaje y, cuando después de unas cuantas sesiones quieran mejorarlo con experiencia, les costará más. De nuevo, totalmente intencionado.
Esta mierdificación intencionada también se siente en las disciplinas: las habilidades sobrenaturales de los vampiros. En ninguna se ve mejor que en Potencia. En la segunda edición, Potencia te añade un éxito automático a cualquier tirada de fuerza y, a todos los efectos, añade su puntuación a tu valor de fuerza. En 20 Aniversario está ligeramente debilitada, haciendo que tengas que gastar un punto de sangre para conseguir esos éxitos automáticos. Y en la quinta edición, para encontrar algo similar, tienes que tener la disciplina a nivel dos, hacer un control de enardecimiento (el equivalente a gastar un punto de sangre), y aun así solo te da la mitad de los dados adicionales cuando peleas con un arma de cuerpo a cuerpo, sin otorgar éxitos automáticos en ningún caso.

En resumidas cuentas, Vampiro V5 consigue exactamente lo que se proponía, que es hacer que la existencia de los personajes sea un poco más miserable dentro de ese Mundo de Tinieblas sumido en plena Gehenna. Esto no es ni bueno ni malo. Si a la mesa le apetece llevar a un grupo de vampiros sufridores que está intentando encontrar su sitio en una sociedad que no los necesita y no sabe qué hacer con ellos, esta es la mejor edición. Si, por el contrario, les apetece llevar vampiros más en la línea de La Reina de los Condenados o Entrevista con el Vampiro, quizá lo suyo sería tirar por la Edición Revisada/20 Aniversario.
Sistemas al margen, el elefante en la habitación es el lore. Vampiro: la Mascarada tiene una metatrama extensísima, con bifurcaciones y meandros que es imposible seguir al dedillo. Pero tampoco importa mucho. Los personajes nunca llegarán a saber ni una décima parte de toda esta información, así que tú tampoco tienes por qué. Dicho esto, hay algunos conceptos y aspectos del juego que han ido mutando considerablemente con el paso del tiempo. Uno de los ejemplos más conocidos es que, en la primera edición, el Sabbat es una suerte de hombre del saco vampírico muy poco definido; mientras que en ediciones posteriores toma muchísima más forma y adquiere mayor importancia.
Hace poco salió un nuevo suplemento para V5 que, básicamente, altera la idiosincrasia de uno de mis clanes preferidos, los Baali. En un afán por simplificar conceptos, que es algo que están haciendo mucho en esta quinta edición, los han reducido a una suerte de antagonistas menores controlados por espíritus malignos que residen en la sangre... o algo parecido. Es un cambio que no me gusta. Es un cambio que entiendo, pero que no voy a implementar en mis partidas, porque me gustan mucho los Baali tal y como son, sin espíritus malignos viviendo en su sangre. Por suerte, lo bueno de tener muchas opciones es que puedes elegir.

Un cambio muy significativo entre V5 y las versiones anteriores es el atributo Apariencia. En todas las ediciones anteriores de Vampiro: la Mascarada hay un atributo, con el mismo peso que Fuerza, Inteligencia o Carisma, que es el de Apariencia. Este atributo simplemente determina cuán guapo es tu vampiro. Ya está. Es un atributo que no tiene ni mucho sentido ni muchos usos útiles. Pero es que esto es un juego de vampiros y los vampiros son guapos. Creo que no estoy solo cuando expreso que quiero tener un valor numérico que determine cómo de bello es mi avatar sobrenatural.
Quizá la decisión más importante a la hora de elegir una edición u otra de Vampiro: la Mascarada es pensar en qué año quieres ambientar tu campaña. La quinta edición asume que la acción transcurre de los 2010s en adelante, con todo lo que ello supone a nivel de cámaras de vigilancia, teléfonos móviles o Internet. Las ediciones anteriores, sin embargo, están ambientadas por defecto a finales de los noventa. O lo que es lo mismo, menos controles en aeropuertos, cabinas telefónicas, prensa escrita. Es la diferencia entre jugar en el mundo de Near Dark (peliculón, por cierto) o en el de Crepúsculo (también peliculón, claro).
En última instancia, quedarse con una edición de Vampiro u otra depende del tipo de campaña que quieras dirigir. En líneas generales, 20 Aniversario o Revisada te van a dar personajes más poderosos de base. También te van a permitir jugar, por defecto, en un Mundo de Tinieblas atenazado por la inminente llegada de la Gehenna. La quinta edición, por otro lado, es cuna de personajes más débiles, más anclados a la realidad de que la temida Gehenna, tal como escribió T.S. Eliot, no llegó con un gran estallido, sino con un quejido.