Los siete samuráis: el one-shot perfecto

Share
Los siete samuráis: el one-shot perfecto

El cine es, sin ninguna duda, una de mis principales fuentes de inspiración a la hora de dirigir. Siempre lo ha sido, siempre lo será. Con dieciséis y diecisiete años, mi grupo de amigos y yo jugábamos aproximadamente cuatro sesiones a la semana, normalmente conmigo de máster. Por suerte, por aquella época yo también era moderador del difunto foro Asia-Team, lo que entre otras cosas me permitió descubrir y descargar cientos de películas japonesas, chinas y coreanas, que la mayoría de mis amigos ni habían visto ni posiblemente fueran a ver.

Lo bueno de los antiguos foros, los de toda la vida, es que una vez que te metías de lleno en uno, era muy fácil ir saltando de madriguera en madriguera, descubriendo por el camino películas, videojuegos, libros, personas interesantísimas que viven en la otra punta del mundo, filosofías de vida, etcétera. Fueron una cosa preciosa los foros, de verdad. El caso es que en buen día me topé con un hilo dedicado a Akira Kurosawa. Una cosa llevó a la otra y varias semanas después no solo tenía un nuevo actor favorito en Toshiro Mifune, sino también un montón de nuevas películas favoritas, listas para fusilar en mis partidas de rol.

Los siete samuráis me pareció inmediatamente la película perfecta para llevar a la mesa. Yojimbo también es una maravilla y es mucho más fresquita, sí, pero tiene un solo protagonista. Yo, como director de juego, tengo a media docena de personajes principales a los que intentar darles una importancia similar. Blanco y en botella.

Los siete samuráis

La primera vez que adapté Los siete samuráis fue a Vampiro: la Mascarada. Tiene sentido. Es el juego al que mi grupo y yo jugábamos constantemente, de manera casi obsesiva. La idea, como la de la propia película, era muy sencilla: el príncipe de una pequeña ciudad les decía que un espía le había informado de que la noche siguiente tendría lugar un brutal asalto del Sabbat. Tienen una noche para preparar la defensa. Hubo jugadores poniendo trampas en el Elíseo, otros yendo a robar armas pesadas, otros intentando aprender disciplinas de sus compañeros. Y a la noche siguiente: a ostias contra el Sabbat. Éxito. Una de las partidas "improvisadas" más divertidas que dirigí en aquella época.

La siguiente vez que hice una adaptación de la obra de Kurosawa fue aproximadamente al año siguiente, cuando empezamos a jugar a Dungeons & Dragons 3ª con el mismo fervor que anteriormente jugábamos a Vampiro. La idea, de nuevo, simple: los aventureros llegan a un poblado y, en lugar de ser recibidos con los brazos abiertos, son recibidos con temor. Una banda de orcos lleva meses atemorizando a los pobres aldeanos. La gente del poblado no les puede dar ninguna recompensa... pero qué más recompensa necesita cualquier grupo de aventureros que hacer lo correcto.

Quizá la vez que más me gustó dirigir Los siete samuráis fue en Canción de Hielo y Fuego. De nuevo, muy, muy fácil de adaptar. Cualquier grupo que se precie con al menos uno o dos personajes honorables caerá rendido ante la oportunidad de ayudar a una población atormentada por un grupo de malvados bandidos. Los jugadores usaron un mapa para indicar cuál iba a ser su posición previa al asalto, bloqueando una de las entradas del pueblo con un carro en llamas y ubicando a los dos personajes con buenas puntuaciones en arquería en los puntos más elevados del poblado. De nuevo, el resultado fue estupendo.

The Magnificent Seven

Si algo nos enseñó Los siete magníficos —además de que a los yankis les gusta más un remake que a un tonto un lapicero— es que la trama de Los siete samuráis se puede adaptar a cualquier ambientación con muy pocos retoques. Es una historia sencilla y universal, que casi siempre funciona. Combatir contra bandidos por una causa justa puede ser divertido tanto con katanas, como con revólveres, como con colmillos, pistolas láser, espadas medievales, fusiles de asalto o puños americanos.

Lo único importante a tener en cuenta a la hora de dirigir una partida inspirada en Los siete samuráis es que la parte más divertida no debería ser el combate contra los bandidos. El plato principal siempre debería ser la preparación. Todos los jugadores y todos los grupos van a tirar dados exactamente de la misma manera y con el mismo objetivo: matar a los bandidos. Pero cada grupo, cada jugador, tendrá su propia idea sobre cómo preparar su llegada. Ahí debería estar el foco.

Cuando adapté Los siete samuráis a Dungeons & Dragons lo más memorable no fue cómo un jugador partió por la mitad a un par de orcos durante el fragor de la batalla. Lo más memorable fue cómo el explorador y el pícaro se pasaron todo el día de antes construyendo trampas en la plaza central y el mago preparó un set de conjuros distinto al habitual. Cuando al día siguiente las trampas y los conjuros claramente marcaron la diferencia, la emoción su pudo sentir en la mesa.

Con todo esto lo único que quiero decir es que, si alguna vez tenéis que dirigir una partida con poco tiempo de preparación, no tenéis más que plagiar al maestro Kurosawa. No os garantizo nada, pero probablemente algo divertido saldrá.